cuando no había nadie en la calle, le pedía a mi abuelo que abriera su sala. ahí estaba el mejor juguete de todos, una radio a tubos de tiempos inmemoriales que podía captar emisoras de varios países del mundo.
la carcasa era de madera oscura, tenía la forma de u invertida y tres botones redondos que servían para cambiar de países, emisoras y regular el volumen. el fulgor de los tubos al encenderla anunciaba que podrías escuchar voces de helsinki, tokio, asunción, berlín, moscú, nueva york o sao paulo. recuerdo que pasaba mucho tiempo distraído con aquellos lenguajes indescifrables y todas las ilusiones que tenía al pensar en un mundo tan grande y distinto a la villa maría de los ochentas.
Ciudad y recuerdos
jueves, 23 de mayo de 2013
lunes, 7 de junio de 2010
santa rosa en la mañana
martes, 27 de enero de 2009
sábado, 27 de diciembre de 2008
el vengador anónimo
existió un fumón con el nombre del actor del vengador anónimo. venía al barrio a pedir plata y casi todos le daban para evitarse problemas.
un domingo estaba en la azotea de mi casa, aburrido de haberme masturbado y de intentar completar el primer cuento que nunca he escrito hasta ahora. era la agonía de otro sábado con el cuaderno vacío, miraba los cerros de villa maría y me preguntaba por qué habiendo tantas historias como luces en el panorama no era capaz de escribir una mierda.
entonces bronson se apareció en el barrio. estaba acompañado de su hermano y de otro fumón; y peinaban la calle en busca de alguien a quien pedir monedas, mas su atribulado caminar certificaba la soledad y el silencio reinantes, únicamente desafiados por un casi imperceptible bolero que sonaba en una camioneta aparcada en las afueras de la pollería chernobil.
los seguí con la mirada y vi la luz del poste reflejada en un baúl lleno de monedas hiper devaluadas. habían un montón de intis de la época del primer alan y también soles de oro de la época de belaunde. Entonces, parapetado en las altura del tercer piso, comencé a tirar las monedas a la calle.
sonando bien bajito "marabú", las monedas comenzaron a tintinear en los rincones del barrio por ser vindicado y los fumones angustiados intentaban descifrar a quién se le habían caído y giraban como posesos en dirección de los ecos infinitos y anónimos.
no veían al titiretero y avanzaban desorientados, pero cuando estaban a la altura de la pollería chernobil y ya me estaba aburriendo del juego, agarré uno de esos enormes monedones del tío belaunde y lo lancé a la calle como si fuese un shuriken sin destino fijo.
la moneda cruzó el cielo plomo y anaranjando; y reventó el parabrisas de la camioneta. no tardaron en salir los dueños, que eran tres tíos bien gordos y culparon a los únicos presentes en la calle. al parecer los conocían, porque cuando uno de ellos sacó algo parecido a una pistola espetó:
-te cagaste bronson conchetumare!
los pasos atribulados se convirtieron en carreras despavoridas hacia el mercado y la municipalidad. tres contra tres. los vi perderse en la oscuridad anaranjada de las calles que ascienden a los cerros, pero no escuché ningún disparo y la calle volvió a estar silente.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Jhon
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