jueves, 23 de mayo de 2013

Palimpsesto

cuando no había nadie en la calle, le pedía a mi abuelo que abriera su sala. ahí estaba el mejor juguete de todos, una radio a tubos de tiempos inmemoriales que podía captar emisoras de varios países del mundo.
la carcasa era de madera oscura, tenía la forma de u invertida y tres botones redondos que servían para cambiar de países, emisoras y regular el volumen. el fulgor de los tubos al encenderla anunciaba que podrías escuchar voces de helsinki, tokio, asunción, berlín, moscú, nueva york o sao paulo. recuerdo que pasaba mucho tiempo distraído con aquellos lenguajes indescifrables y todas las ilusiones que tenía al pensar en un mundo tan grande y distinto a la villa maría de los ochentas.

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